
La "grandeur"
Siempre he manifestado, tanto en público como en privado, mi admiración por la sociedad francesa. Solamente discrepo de dos acontecimientos históricos que oscurecen mi admiración. El llamado gobierno de Vichy, que colaboró de una manera miserable con los nazis en la Segunda Guerra Mundial, y la llamada "dictadura blanda", cuando en el año 1958 el general De Gaulle se convirtió en primer ministro sin pasar por las urnas y acumulando más poder del que tuvo ningún presidente ni primer ministro anterior. Nuestros vecinos han vuelto a dar una lección de cultura política en la primera vuelta de las elecciones pasadas para elegir al presidente de la República, que lo será durante 5 años. Mas deberemos esperar hasta el próximo día 6 de mayo para conocer quién ocupará el cargo de jefe de Estado. Tendrá poderes nada asemejables a los que nuestro país le otorga al rey de España que al ser, según la Constitución, una monarquía parlamentaria se convierte poco más que en una figura decorativa. Vayamos sin más dilación a lo ocurrido el pasado 22 en Francia. En primer lugar, tenemos que destacar por lo meritorio la participación ciudadana que ha sobrepasado el 80%, demostrando así el alto grado de civismo y cultura política de nuestros vecinos. No es nada desdeñable destacar el grado de acierto de las innumerables encuestas realizadas por los principales medios de comunicación, prensa escrita, radios, televisión y distintas instituciones; todas ellas pronosticaban el triunfo del candidato socialista François Hollande, eso sí, no acertaron quién ocuparía el puesto número 3. El Frente Nacional, con su candidata Jean-Marie Le Pen, se coló con un muy meritorio 19,1%, desplazando a Jean-Luc Mélenchon, líder del frente de izquierdas con larga trayectoria política en el seno del partido socialista con el que fue ministro y senador. Conociendo los resultados se observa que por primera vez en la V República, el todavía presidente señor Sarkozy no obtuvo el primer puesto, algo que no ocurrió con todos sus antecesores. Veamos qué Francia se puede encontrar el próximo presidente de la República. Quizá el plato principal que se está permanentemente guisando en la cocina francesa será la economía. Éste tendrá que cuadrar las cuentas con una “deuda pública” del 89% del Producto Interior Bruto (PIB), 10 puntos superior a la española, y deberá impulsar el crecimiento que en este momento está en un 0,7. El candidato socialista, al cual todas las encuestas le vuelven a dar como ganador en la segunda vuelta, repite machaconamente en sus mítines e intervenciones lo siguiente: Mi adversario no tiene nombre, ni rostro, ni partido. Mi adversario es quien gobierna. Es el mundo de las finanzas que ha tomado el control de la economía, de la sociedad y de nuestras vidas. ¡Caramba!, no hace falta ser francés para coincidir con él, somos muchos los que opinamos que el dinero que no se presenta a las elecciones es el que está marcando nuestro destino. Por el contrario, Sarkozy ofrece más de lo mismo y promete seguir bailando una pieza muy lenta y muy agarradito con doña Angela Merkel. Pero, ojo, como se dice en Francia: En la primera vuelta votamos con el corazón, y en la segunda con la cartera. Lo veremos el 6 de mayo. Parte del día: baja la Bolsa, sube la prima de riesgo y la agencia de calificación Standard & Poor’s, nos rebaja la calificación. Hasta la próxima.
30-4-2012
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