15/5/2012
Zaragoza.- El agua siempre ha sido un bien escaso, sobre todo en Aragón, pero de generación en generación se ha trabajado en diferentes técnicas y opciones para optimizar este recurso. Pozos, balsas, aljibes, embalses o azudes han sido algunas de las infraestructuras de las que se han servido los aragoneses a lo largo de los siglos y que, en ocasiones, siguen funcionando en la actualidad.
Para conocer la historia de la Comunidad desde el punto de vista del agua, el Instituto Aragonés del Agua ha puesto en marcha unas charlas que recorrerán todo el territorio hasta el mes de diciembre. Un proyecto a cuyo cargo se encuentra el profesor de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, Miguel Ángel Pallarés.
Pregunta.- ¿Cómo surgió la idea de hacer este tipo de
cursos?
Respuesta.- Es un proyecto que pretende, dada la
escasez de agua con la que cuenta la Comunidad, hacer una especie de charla de
alta divulgación para dar a conocer a los aragoneses que nuestra tierra siempre
ha tenido los problemas que tenemos ahora de escasez de agua.
Teniendo a la historia como referencia, queremos mostrar de qué manera nuestros antepasados han gestionado, han ahorrado y han utilizado de manera óptima un recurso tan limitado.
P.- Por lo tanto, ¿es la sequía actual una situación que se
ha repetido a lo largo de la historia de Aragón?
R.- Aragón
es muy irregular en su pluviometría y tenemos un territorio extenso y una
geografía variada, por lo que no ha habido en la historia un momento
particularmente seco, sino que hay grandes extensiones de territorio en la
Comunidad donde los núcleos habitados no han contado con cursos fluviales
continuos. Nuestro territorio no es tan rico en el líquido elemento como otras
Comunidades.
Ha habido periodos de sequías extraordinarios como, por ejemplo, tras la Guerra Civil. La necesidad de agua a lo largo de la historia hace que el líquido elemento tenga un tono mágico-religioso, ya que todavía hoy se pide a los santos y las patronas que llueva. Esto es una muestra de que los pueblos que tienen estas devociones han tenido una gran necesidad de agua muchas veces.
En la actualidad, la sequía no hace referencia a un momento particular que podamos relacionar con el cambio climático, ya que va más de la mano de las características geográficas y físicas de nuestro territorio. Además, la sequía de hoy en día es muy diferente en comparación a épocas en las que se dependía mucho de la agricultura y de la ganadería.
P.- Este mensaje, ¿a qué tipo de público está
llegando?
R.- Lo que se pretende con los cursos es que vayan
dirigidos a la mancha más amplia posible, por lo que los auditorios óptimos para
este proyecto son escuelas, colegios, institutos, casas de cultura, asociaciones
de vecinos, etc. Los auditorios son muy variados y por todo el territorio
aragonés. En total, se llegará 35 puntos de la Comunidad y las charlas se
extenderán hasta el mes de diciembre.
Debido a la diversidad de los auditorios, las charlas se adaptan al público. Los niveles varían, ya que no es lo mismo un jubilado que un niño de 12 años, aunque el mensaje sea el mismo. Además, cuentan con un aparato gráfico extraordinario porque disponemos de fotos realizadas por Montse de Vega de los canales de Zaragoza.
Hay que llegar a todo el mundo porque, por un lado, los jóvenes son los aragoneses del futuro y deben valorar el agua pero, por el otro, la gente mayor porque reconoce perfectamente el mensaje. Nos remontamos hasta los pueblos prerromanos y hablamos sobre cómo usaban ellos el agua y cómo la hicieron guardar.
Hasta hace unos cien años se han usado remedios y gestiones de agua que tienen una antigüedad de siglos. Por ejemplo, en Candasnos han tenido que estar bebiendo de balsas, se están surtiendo pueblos como Castejón de Monegros de pozos que tienen cientos de años, etc.
P.- ¿Qué zonas de Aragón son las menos avanzadas en gestión
de agua?
R.- Los tiempos han cambiado y desde el s.XX ha
habido mejoras en abastecimiento, depuración y optimización de recursos, por lo
que ha habido un salto cualitativo extraordinario en la gestión del agua. Ahora
no podemos hablar de sitios “retrasados” en el acceso a agua, pero el problema
reside en que muchos veranos hay que abastecer algunas zonas con cisternas.
Además, Zaragoza dispone ahora de agua del Pirineo, pero si Yesa está bajo
mínimos habrá que beber agua del Canal Imperial.
La sensibilización ha aumentado muchísimo y el hecho de que haya instituciones como el Instituto Aragonés del Agua no deja de ser un ejemplo de que hay una preocupación permanente por el cuidado del agua.
P.- ¿Hay alguna técnica del pasado que se siga utilizando en
el presente?
R.- Una técnica que se ha usado siempre para
guardar el agua es la cerámica, un invento del neolítico que se sigue utilizando
en la actualidad. Respecto a la asepsia del agua para el consumo de boca, hay
que apostar por las modernidades porque la historia también nos enseña que
muchas de las enfermedades que se sufrían en el pasado venían del agua.
P.- ¿Y cuál es el futuro en gestión de agua?
R.- Lo que nadie quiere es que demos un paso atrás. En los
cursos estamos aprovechando la didáctica de la historia para poner de relevancia
que nada se nos ha regalado, y mucho menos el agua. Sin embargo, tenemos que
avanzar y conseguir que todo el mundo considere el agua como un bien muy escaso.
Hay que tener muy claras las directrices de uso, tener sensibilidad con el medio ambiente, no hacer vertidos y cuidar los humedales. Además, hay que tener en cuenta que las características del territorio aragonés condicionan los usos del agua.
Cada momento en la historia ha tenido un uso diferente del agua. Mientras que el nivel de higiene personal de los íberos no era suficiente, en la época romana la gran novedad fue tener el agua a pie de casa, lo que aumentó la higiene y la calidad de vida. Después, con la llegada de la Edad Media, los usos dependían de las religiones. Mientras que los cristianos utilizaban poco este líquido, los judíos hacían ritos con agua y los musulmanes tenían que lavarse antes de entrar a rezar.
P.- ¿Qué es lo que más sorprende a la gente en las
charlas?
R.- Más o menos la gente conoce todo lo que se le
dice, sobre todo en los medios rurales. Lo que sí que puede chocar es la
variedad de formas que han tenido los aragoneses para hacerse con el agua, desde
instalar los núcleos poblacionales al lado de un curso fluvial hasta excavar
pozos de una complicación técnica muy grande para las épocas en las que se
fabricaron.
Para usos agrarios se crearon infraestructuras como azudes, presas o canalizaciones. Esto en Aragón se ha trabajado de forma extraordinaria y ha dejado un gran patrimonio como molinos, batanes, etc. El agua era un bien escaso pero los aragoneses supieron aprovechar su potencial. Se gestionaba el agua de manera que había hasta sierras hidráulicas que funcionaban con cursos de agua.
P.- ¿Qué consejos daría para cuidar el
agua?
R.- Yo creo que a lo que podemos ir de forma más
cuantitativa es hacia transformaciones de regadíos y a un uso mayor de la
aspersión o el goteo, porque estos medios ayudan a controlar el agua y a ahorrar
agua y energía.
También hay que ser cuidadoso con los vertidos. Aunque hay mucho más control, tenemos pendiente, entre otros, un río Gallego bastante destrozado con las industrias de la zona.
Además, cada Ayuntamiento debería tener una gestión eficaz del agua. Por
ejemplo, pueden hacer distintas conducciones para agua de boca, para vertidos,
para el agua que se usa para regar jardines y calles… Esa diversidad tendrían
que tenerla muy clara los grandes ayuntamientos aragoneses.
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