29/6/2012
La semana pasada, una embarcación del Regimiento de Pontoneros comenzaba a surcar el Ebro (por las zonas donde no tocaba fondo, claro está) buscando indicios sobre la mosca negra, esa enana asesina que no pica, muerde. El objetivo de los esforzados pontoneros, que no se han visto en una igual, es localizar focos de larvas y de porquería varia donde aniden, germinen o lo que sea que hacen las moscas cuando se juntan y procrean. Pero en semejante y épica misión no están solos. En realidad, se han metido en la embarcada, y perdonen el chiste fácil, invitados por la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, que busca cómo erradicar esta plaga. Que no es mortal, de acuerdo, pero sí altamente molesta.
Y es que, por si no tuviéramos poco con ese apocalipsis continuo en el que vivimos, ya no puedes ni salir a la calle sin que te arreen uno o varios mordiscos. Y encima, una mosca, que antes era molesta, pero ahora es directamente peligrosa. El otro día me enseñaba una amiga el bocado que llevaba en la pantorrilla, y me lo explicaba con gran parafernalia y un poco de efectos especiales, tipo “yo me la arranqué, pero el veneno se quedó dentro y el picotazo me latía de dolor durante horas”. Otro clásico entre los damnificados es ese de “es que no pican, muerden, y te dejan así como dos marcas” y te lo cuentan formando una garra con los dedos de una mano que si te pica una cosa de ese tamaño, lo mismo es una anaconda del Amazonas y no sales vivo. Y ahora lo que hay es una neura enorme con cualquier mosca que te cruzas.
Y es curioso lo que se está reproduciendo la fauna mutante, a pesar de que dicen que se están extinguiendo especies todo el rato. No sé ustedes, pero yo me he dado cuenta con los pájaros: cada vez veo más y son más grandes. ¿Qué ha sido de aquellos pobres gorrioncitos? Por mi barrio hay unos bichos que son mayores que palomas, blancos y negros, que hacen un ruido muy desagradable y que vienen todas las mañanas a comerse el pienso de mi perro en el balcón. Y de paso, nos dejan algún regalito. Antes no había de estos bichos, ¿verdad? Pues ahora los árboles están infestados. Y los coches que hay debajo, ni les cuento. Que levante la mano el que aparca a diario en la calle y no se ha encontrado en los últimos tiempos con algunas sorpresitas en la carrocería.
Total, que está muy bien que el ejército colabore con Veterinaria en una tarea que, fuera bromas, todos agradeceremos. Nadie se va a morir por culpa de la mosca negra, pero no necesitamos más dolor, en ningún formato, con lo que ya tiene este país encima. Ahora solo falta que un regimiento del ejército del Aire se pase por mi barrio con una carga de napalm y nos haga un favor con los pajarracos. ¿Esto ha quedado muy bestia? Pues ya perdonarán, es que entre el calor y las moscas, estoy que muerdo.
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