13/7/2012
Aunque éste es un periódico digital de marcada vocación aragonesista, no es menos cierto que hay situaciones que transcienden las lábiles y efímeras barreras autonómicas, y que por su importancia para todos los que vivimos en la “piel de toro” creo merecen un hueco en esta Tribuna. Con la venia de su director, al hilo de la actualidad y con la osadía con la que a veces me expreso, fruto de la ventaja que da el paso de los años, heme aquí para reflexionar sobre uno de ellos: ESPAÑA.
El concepto de España hoy está en declive y cada vez son más las voces autonómicas que pretenden una independencia del Estado español. Los catalanes y los vascos son quizá el ejemplo mas palmario de ello. Mejor dicho, son el único ejemplo claro y contundente de este, para mí, anacronismo político, cultural, y, también histórico.
En tiempos de tempestad, dice el sabio aforismo popular, no hacer mudanza. Y desde luego ahora no es que estemos ante una tempestad, sino más bien en medio de un auténtico huracán que está poniendo en jaque no sólo los criterios económicos que nos regían, sino también muchos de los valores sociales que habían servido para construir lo que hemos llamado jactanciosamente “sociedad del bienestar”.
Cuando escribo este artículo la selección española de fútbol ha ganado la competición europea. Este hecho singular lo he presenciado fuera de mi patria chica, Aragón, disfrutando de unos días de plácido descanso en la Comunidad catalana. Y he visto con extrañeza y perplejidad, a la vez que con alegría, cómo, a pesar del discurso político imperante en la zona, de las peticiones de independencia de algunos (siempre los mismos) y de los inevitablemente fríos datos estadísticos, la bandera española, la roja y gualda, ha ondeado por las calles y casas de esta maravillosa tierra, parte de una nación que la quiere y la respeta, región bañada por el mare nostrum símbolo de libertad y apertura y llena de personas sanas, normales, inteligentes, trabajadoras y honestas.
Españoles y catalanes que, lejos de los falaces discursos políticos, de los narcisismos patológicos de los autodenominados líderes y de los peculiares, cuando no deliroides, planteamientos de los que dicen ser independentistas, se sienten unidas no sólo por el deporte sino por algo más profundo y difícilmente explicable como es el sentimiento de identidad nacional. Estos días he podido ver a muchos “españoles-catalanes”. Y todo ello a pesar de los esfuerzos permanentes de unos pocos que, utilizando la manipulación de la historia, la persuasión de los medios de comunicación afines, la seducción de las prebendas y de las dádivas llamadas eufemísticamente subvenciones, e incluso del ejercicio autoritario y despótico del Boletín Oficial, poderoso y siniestro instrumento de control de las voluntades, pretenden cambiar la historia, aislarse de su entorno y obrar con el mismo modelo dictatorial que tanto han criticado y cuestionado.
“Pena, penita, pena”, como dice la canción, me ha originado ver a muchos ciudadanos reprimir su auténtico sentir e ir al son que más calienta, para evitar represalias, vivir en paz y sentirse “sólo” catalanes “a la fuerza”, no de una pistola, pero sí de una ideas sectarias y tribales. Sólo catalanes cuando a lo mejor, sólo a lo mejor, estos mismos ciudadanos, si no hubiera toda esa presión político-mediática y esa demagogia proselitista, serían a la vez españoles y catalanes orgullosos de su patria grande y chica; ciudadanos que enarbolarían con orgullo la bandera nacional y su querida señera; hombres y mujeres que serían, a la vez y con orgullo, “culés” y forofos de “la roja”. Pena, penita, pena.
Muchas gracias por tu envío que ayuda a construir Aragón Digital entre todos. El material será revisado en breve para ser publicado cuanto antes. Para cualquier duda, comentario o sugerencia, contacta con nosotros.
Este espacio se rige por unas normas simples con objeto de permitir que cada uno exprese su opinión sin ofender a los usuarios. Por favor, téngalas en cuenta cuando contribuya con la suya.