30/7/2012
Zaragoza.- Sergio Domenech vive de cerca los Juegos Olímpicos de Londres. Él tuvo la oportunidad de competir en los de Sydney 2000 en la disciplina de judo, pero una grave lesión le hizo dejar la actividad profesional de forma paulatina.
No fue una desvinculación total con el judo. Sergio es ahora profesor de este deporte en Azuara, en el Campo de Belchite. Para él ese cambio no fue “nada problemático” y también ha sabido salir adelante en su nuevo rol en el deporte. Ha instruido a figuras tan importantes en el judo como Sugoi Uriarte.
Sin embargo, él se queda con su época de alumno. “Es lo mejor y yo ahora, en muchas competiciones, en convivencias con antiguos deportistas de mi generación y con las nuevas generaciones, tengo una envidia sana por todos los que están participando en las competiciones”. Un historia de superación y de amor por el judo.
Pregunta.- ¿Cuándo comenzó su actividad dentro del
judo?
Respuesta.- Empecé con cuatro años en el colegio Liceo
Europa de Zaragoza, de la misma manera que se puede iniciar cualquier actividad
extraescolar. Después, cambié de colegio porque mis padres se mudaron de
vivienda y pasé al colegio Las Fuentes. Allí conocí a mi profesor, que más tarde
sería mi entrenador, José Ángel Guedea. Fue con seis años cuando empezó ya a
picarme más en serio el gusanillo de este deporte.
P.- Desde muy joven acumuló un palmarés envidiable. Campeón
de España Junior, Senior y Universitario, Campeón del Mundo Universitario por
equipos…
R.- Es un palmarés muy bueno. Solamente me falta
por completar el tema olímpico, que tan de moda está en estos momentos. Pudo
haber sido de no haberse producido una lesión tres meses antes de los Juegos
Olímpicos de Sydney.
P.- Fue un desafortunado accidente.
R.-
Sí. Ya estaba clasificado para los Juegos Olímpicos de Sydney. Estaba tercero
del ranking europeo y se clasificaban los nueve primeros. Aunque no hubiera
seguido compitiendo durante esa temporada hasta los Juegos Olímpicos, y no
hubiera habido ningún problema, me hubiera clasificado directamente para Sydney.
El problema fue que en Roma, en el segundo combate con el judoca alemán, tuve
una caída muy mala. Fue producto de la casualidad. Se me fracturaron las
vértebras del cuello y la recuperación ya no era posible por el espacio de
tiempo que quedaba. El sueño se truncó ahí.
P.- ¿Se escapó su gran oportunidad
deportiva?
R.- Desde mi punto de vista no es que se truncara
un sueño olímpico, que sí que era muy importante. Se truncaba una carrera
deportiva porque no es lo mismo tener una lesión grave pero recuperable, que una
a nivel neuronal, en cervicales, que tarda bastante tiempo en recuperarse y que
te puede dejar secuelas a nivel neurológico.
P.- ¿Qué se le pasa por la cabeza tras la
lesión?
R.- En el primer momento la situación fue tan grave
y tan dramática que cuando supe que me iba a poder recuperar para mí fue una
alegría. Yo recuerdo que no fui realmente consciente de lo que estaba perdiendo
hasta que no pasaron unos meses. Me empecé a recuperar y entonces sí que comencé
a valorar la situación que se había producido en cuanto a que ya no podía
cumplir mi sueño. Pero, realmente, la lesión fue tan grave que tuve suerte de
poder estar funcionando y poder seguir haciendo deporte.
P.- ¿En ningún momento hubo un pleno bajón anímico,
entonces?
R.- En el momento posterior a la lesión no. Me
sacaron del pabellón en helicóptero y de manera urgente. Ni siquiera llamaron a
mi casa para pedirles permiso para operarme, me intervinieron en Roma. De hecho,
el visto bueno a esa operación lo dio Alejandro Blanco, el actual presidente del
COE, que en ese momento era el presidente de la Federación Española de Judo.
Cuando llaman a mis padres, les dicen que ya estoy en la mesa de operaciones y
que me tienen que abrir urgentemente porque si no el riesgo de quedarme
tetraplégico era muy palpable.
P.- ¿Volvió a competir a nivel
profesional?
R.- Sí que volví a competir. De hecho, me volví
a quedar campeón de España en una categoría superior, incluso. Lo que sí que es
cierto que en la alta competición dos años es mucho tiempo y en el judo, más.
Habiendo pasado unos Juegos Olímpicos muchos equipos se renovaron y la gente ya
no era la misma. Casi tenía que empezar de cero otra vez. Además, en mi brazo
izquierdo ya no tenía la misma fuerza que tenía en mi brazo derecho. En el judo,
que es un deporte de agarre, es muy importante. Aunque volví a tener buenos
resultados a nivel nacional, a nivel internacional ya no fue igual y ya no me
pude volver a subir a ese carro.
P.- ¿Fue en ese momento cuando empieza a surgir la idea de
la escuela?
R.- Sí… En el momento en el que yo caigo
lesionado el coordinador de deportes de la Comarca de Belchite, muy
inteligentemente, me llama y me propone empezar a dar clases en Azuara, el
pueblo de mi madre y de mi abuela. Como en ese momento yo simplemente estaba
estudiando y recuperándome de mi lesión, acepté. En ese punto comenzó mi parte
como entrenador o como profesor de judo. Es cierto, que también hubo un periodo
de tiempo de tres años, en 2003, que cuando estaba dando clase en Azuara de
manera rutinaria me fui a entrenar al Centro de Tecnificación de Valencia. Allí
estuve con Sugoi Uriarte, representante del equipo español que ha participado en
los Juegos Olímpicos. Estuve entrenándoles durante tres años. Posteriormente,
volví y recuperamos el proyecto de judo en la comarca de Belchite.
P.- ¿Fue muy extraño pasar de alumno a maestro en tan poco
tiempo?
R.- Para mí no lo fue. Siempre hay un proceso, una
metamorfosis, en el cambio. Yo llevaba la alta competición tan a flor de piel y
tan reciente que, para mí, no fue demasiado complicado. Yo pasé de la noche a la
mañana de vivir en la alta competición a entrenar en el Valencia Club de Judo
con los mejores deportistas jóvenes de este país en esta disciplina. Ahí
coincidí con grandes deportistas, como por ejemplo uno de los máximos
exponentes, Sugoi Uriarte. Ahora encabeza la delegación española para los Juegos
Olímpicos de Londres y realmente ese cambio no fue nada problemático. La gente
me conocía tanto a nivel nacional como a nivel internacional. No fue complicado,
tenía la alta competición muy reciente.
P.- ¿Con qué se queda? ¿Con ser alumno o con ser
maestro?
R.- Siempre con ser alumno y con ser deportista. Es
lo mejor y yo ahora, en muchas competiciones, en convivencias con antiguos
deportistas de mi generación y con las nuevas generaciones, tengo una envidia
sana por todos los que están participando en las competiciones, obteniendo
resultados, viajando ahora que son los Juegos Olímpicos… Es un trago un poco
regular, porque recuerdo mi época y siempre tendré, toda la vida, ese gusanillo
clavado de no haber podido asistir a unos Juegos Olímpicos. Intento informarme
de todo, pero siempre muy a cuenta gotas y por las noches en el último momento,
porque si no hay momentos en los que no lo paso muy bien.
P.- Pero va a seguir estos Juegos
Olímpicos…
R.- Sí, los seguiré, pero no me gusta la
ceremonia de inauguración porque se me revuelven un poco las tripas… Yo tuve ese
sueño, entre ceja y ceja, muchos años y a pesar de que la gente que me conoce
sabe que tú tienes el mismo nivel, estés o no estés, el nivel yo lo tenía para
estar y para haber hecho una buena olimpiada. La realidad es que en mi
currículum y en mi palmarés no figuraré nunca como deportista olímpico. Para un
deportista que ha estado en ese nivel es algo difícil de
digerir.
Muchas gracias por tu envío que ayuda a construir Aragón Digital entre todos. El material será revisado en breve para ser publicado cuanto antes. Para cualquier duda, comentario o sugerencia, contacta con nosotros.
Este espacio se rige por unas normas simples con objeto de permitir que cada uno exprese su opinión sin ofender a los usuarios. Por favor, téngalas en cuenta cuando contribuya con la suya.